lunes 24 de agosto de 2009

Sobre los Códigos de Conducta

En la gestión responsable de proveedores se está utilizando de forma masiva los códigos de conducta a los que los proveedores deben adherirse.

Si bien la acción me parece correcta (ya que han producido beneficios tangibles a los trabajadores) lo que no lo es tanto es precisamente la pluralidad de entidades que auspician sus propios Códigos de Conducta, basados casi todos ellos en los mismos principios (basados en los Convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Declaración Universal de Derechos Humanos), pero al fin y al cabo distintos.

Ejemplos hay unos cuantos:

BSCI

ETI

ICS..

Iniciativas específicas de un determinado sector, y otras tantas formulas que si bien no están basadas en Códigos de Conducta contribuyen a enmarañar la situación.

¿Cuál es el problema?

Al final de la relación esta el proveedor al que se le obliga a adherirse a un Código de Conducta, a tener a la vista y en su idioma el Código de Conducta y a sufrir una auditoria social para ver si cumple. El problema surge cuando el proveedor suministra a distintas empresas con diferentes Códigos, tiene que adherirse a todos ellos, mantener en lugar visible todos los Códigos a los que se adhiere y sufrir varias auditorías al año, además de las medidas de control de cada una de las empresas con las que contrata, que puede producir cierta confusión en los proveedores e incluso el desanimo al tener que dedicar mucho tiempo para gestionar la relación Socialmente Responsable con cada uno de sus clientes.

¿Qué es necesario?

Lo primero es un enfoque global. Como hemos dicho todas las iniciativas se basan en unos principios internacionales comunes, debería existir una entidad superior que coordinase todas estas iniciativas.

Y sobre todo compartir información. Compartir un enfoque global, con una plataforma global donde se centralicen todas las actuaciones (sean auditorias sociales, mejores prácticas u otras actuaciones) que permita a empresas compradoras unir esfuerzos en una sola auditoria, y tener más fuerza para imponer determinadas políticas a las empresas (en cuestión de salarios, horas extra o seguridad e higiene que son los puntos en los que más suelen fallar los proveedores). Al final lo que se necesita es transparencia en la relación.





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